Todos aquello que tenemos alguna responsabilidad dentro de la iglesia deberíamos leer con atención (y estudiarlas al menos dos veces año) las cartas de Pablo a Timoteo.
Si preguntamos a Pablo qué recomienda hacer en las reuniones, contestaría algo semejante a esto:
Ante todo recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias a Dios por toda la humanidad. Se debe orar por los que gobiernan y por todas las autoridades, para que podamos gozar de una vida tranquila y pacífica, con toda piedad y dignidad. (…) Quiero que los hombres oren en todas partes, y que eleven sus manos a Dios con pureza de corazón y sin enojos ni discusiones. Y quiero que las mujeres se vistan decentemente, que se adornen con modestia y sencillez, no con peinados exagerados, ni con oro, perlas o vestidos costosos. Que su adorno sean las buenas obras, como corresponde a las mujeres que quieren honrar a Dios. (2 Tim 2:1-2, 8-10)
¡Oración! ¡Sencillez! ¿Cuántas veces hemos visto reuniones-espectáculos que llenan el ojo, las emociones, pero dejan sediento al espíritu? Claro que Dios no se fija en lo externo, pero lo que enseñamos refleja en parte lo que somos por dentro. Nadie me ha contado, yo mismo lo he visto, hombres y mujeres que se visten con la arrogancia propia de quienes se fijan más en este mundo. Parecen que van a un antro, a una cena de lujo, a la oficina, que a una reunión de familia para orar. No sé si es peor ver a estos vedetes espiritualosos o a los pastores que se desgarran las vestiduras cuando no ven llegar de traje y corbata a su feligresía.
Sencillez: la regla no pasa por cuántos centímetros mide la falda o si combina la corbata. No pasa tampoco por la desfachatez o el desarreglo personal. Aquí, como en cientos de cosas, lo mejor es el equilibrio. Pablo habla de los peinados exagerados: ¿cuántos pasan más tiempo frente al espejo con una secadora eléctrica y cientos de productos de “belleza” que de rodillas y escudriñando las Escrituras? Y que no levante la cabeza el fodongo. No hay que confundir sencillez y decencia con mugre y pereza.
En todo caso, el énfasis debía estar en orar. Una reunión que no tenga oraciones profundas y de corazón puede ser bonita, puede sonar bien, pero claramente esa reunión no fue para fomentar una relación con Dios. Qué cosa tan rara que un “culto” cristiano se convierta en un culto a la personalidad del líder.