De perdón, respeto y confianza (2 de 3)
La segunda reflexión es que debemos respeto a nuestros dirigentes. No es un asunto menor. La Biblia nos manda a hacerlo: respeten a sus líderes, dice Pedro. Es un mandato. Y es un dilema. Un hermano me platicaba cómo llegaba con su líder a exponerle las necesidades que veía en la iglesia. Al final, ese líder terminaba regañando al hermano. “Me volteaba de tal manera las cosas que yo terminaba siendo el malo del cuento”, me dijo. Terminó teniendo una actitud de soberana indiferencia hacia los asuntos de la iglesia. ¿Estaba faltando el respeto a su líder? De ninguna manera. El hermano estaba cuidando de la iglesia… pero no decía con respeto sus comentarios.
El amor no es grosero. Y el respeto a los líderes es un acto de amor. Así que cuando vayamos a llamarles la atención, hagámoslo con el mismo respeto que quisiéramos que ellos nos lo hicieran a nosotros. Me consta que se esfuerzan, que muchos han dejado sueños personales, carreras profesionales en donde materialmente les iría mejor que en el ministerio, incluso familia por servir a Dios. Los dirigentes fallan, sus debilidades son iguales que las de cualquier otro creyente. Pero quieren servir a Dios casi a pesar de los defectos de su pueblo. Porque algunos, por servir a Dios, se ganarán la enemistad del pueblo. Si no me creen, denle un repaso a la historia de los profetas.
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