De perdón, respeto y confianza (1 de 3)
Mucho trabajo ha impedido actualizar estas notas. Pero acá vamos.
En enero, la iglesia tuvo un tiempo de recogimiento. Proclamamos un ayuno de cuarenta días y la región pasó por un tiempo de arrepentimiento. El último domingo de enero, en un servicio maratónico, varios hermanos voluntariamente pasaron al frente a confesar públicamente cómo su pecado había contribuido al estado espiritual de la iglesia. Fue un gran tiempo.
Algunas reflexiones salieron de ese tiempo. La primera es la necesidad de perdón. Evangelistas van, evangelistas vienen. Algunos tienen alguna forma de predicar, otros tienen otra forma de organizar la iglesia. Pero todos tienen buenas intenciones. Es decir, si la iglesia ahora tiene heridas y cicatrices mal cerradas, no fue porque los líderes anteriores hayan actuado deliberadamente en contra de la familia espiritual. No fue así en Neza. Incluso el más escéptico de los hermanos, el más crítico, reconoció que la culpa no había sido de los líderes anteriores sino que él/ella había colaborado para que la iglesia estuviera en la situación espiritual en la que se encontraba.
Debemos perdonar. Un cristiano que no perdona es quizá peor que un no cristiano que lo hace. Porque nosotros nos dañamos, dañamos a los que nos rodean y ofendemos a Dios. El rencor y el resentimiento no ayudan a resolver los problemas. Así que la iglesia pidió perdón por la forma injusta en que trataron no sólo a sus dirigentes sino al mismo cuerpo de Cristo. Fue triste pero salimos animados de que Dios sí escucha. Y que nuestros dirigentes, pasados, presentes y futuros, nos perdonen. Dios ya lo hizo.
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gracias por darnos una vision de las necesidades que hay mas que en la iglesia en los corazones de cada miembro de la misma porque es necesario tener una iglesia sana (hch 9.31) y comienza por el corazon. saludos