Indicadores de una iglesia sana (3 de 3)
Una iglesia sana desarrolla los dones de sus integrantes
Si la iglesia es un cuerpo, cada miembro debe ser sano. La Biblia misma dice: “si el ojo quisiera ser brazo, todo el cuerpo sería brazo”. Y creo que hay momentos en que nuestra iglesia ha querido ser toda ella cabeza, o toda ella pies o toda ella bíceps. Claro, pocos anhelan ser el dedo meñique del pie izquierdo. No es casualidad que los conflictos más persistentes en las iglesias tiene que ver con que hay muchos que se creen cabeza.
Y no, la cabeza es Cristo. Y así como el cuerpo humano tiene infinidad de miembros y cada una tiene una función, así el cuerpo de Cristo debe tener varios miembros con diferentes dones. Pero hay iglesias en la que el don de predicar parece ser el único, el más valioso, al que más se le aplaude. Si usted no tiene el don de ser “líder”, está frito. ¿Eso es lo que Dios quiere? No lo creo.
Hace poco revisé una serie que un grupo de líderes repartió a la iglesia hace varios años. Tenía una lista de ministerios: cuidado de niños, santa cena, centinelas, jóvenes cristianos, ayuda a los pobres, alabanza. Y ya. Pero si mi don es el de escribir en un blog… no entro. O si mi don es el de jugar futbol… no mencione eso, hermano, es muy mundano. O si tengo el don de dibujar, pues dedíquese a hacer retratos en el parque. ¡No! El cuerpo de Cristo no es sólo eso que tenemos en mente: es mucho, mucho más. ¿Fomentamos los dones de los cristianos o los tapamos? ¿Creamos un ejército de creyentes que se desarrollan plenamente según lo que Dios les dio? ¿O hacemos ejércitos de forradores de Biblias (o a vestir santos…)?
Una iglesia sana toma decisiones de manera incluyente
En Hechos 15:22 vemos cómo se resolvió el conflicto. Cuando se toma la decisión, el escritor de Hechos tiene el cuidado de decir: “los apóstoles y los ancianos, con toda la iglesia, decidieron…”. Esto no es populismo. Es la conciencia plena de que la Iglesia es la reunión de los hijos de Dios, de los seguidores de Jesús y que en esa Iglesia, el Espíritu Santo ofrece guía. Si esa iglesia repleta de cercanos de Jesús, de apóstoles, de ancianos, de dirigentes que tenían todas las credenciales para no que no hubiera duda de su sabiduría, digo que si esa iglesia tomó en cuenta a todos los miembros, ¿Por qué no habremos de hacer lo mismo nosotros?
Pero no sólo se trata de una buena idea. Cuando en la iglesia la feligresía tiene un papel importante, se le pide ayuda en la toma de decisiones, se respira un ambiente de inclusión, de identidad y de lealtad. Los planes no son del líder sino de la iglesia. Si algo sale mal, será culpa de todos, no sólo del dirigente; si el plan sale bien, toda la iglesia comparte ese triunfo. No le tengamos miedo a esto. Los hermanos tienen el don, el talento y el Espíritu Santo para ayudar a dirigir la iglesia.
Una iglesia sana ofrenda de corazón, con fe y de manera anónima
Hemos leído 2 Corintios 9:7-8 muchas veces: “Dios no pide lo que uno no tiene”. Hemos proclamado a los cuatro vientos que nuestra iglesia no tiene una obsesión por el dinero; que aquí no eres más bendecido si das un billete más grande, y sin embargo, en algunas regiones todavía tenemos un control sobre lo que cada hermano ofrenda. Reconozcamos esto: el Nuevo Testamento no tiene un solo registro de que haya existido algún tipo de control sobre lo que cada cristiano ofrendaba.
La ofrenda, el dinero, es uno de los temas que más incomoda a tiros y troyanos y ciertamente es difícil quedar bien con todos. Por más que seamos transparentes en cómo se gasta el dinero, habrá más de un crítico sobre este tema. Que si la ofrenda sirve para pagar salones, las sillas, el sonido, el salario de los ministros, que si hay registros contables, etc: nada convencerá al que sospecha como método. Pero flaco favor hacemos si tenemos un control sobre el dinero que da cada hermano.
En nuestra iglesia, en Neza, hemos decidido poner en práctica esta dinámica: que el único que revise cuánto da cada quien sea nuestra conciencia y Dios. Nadie más. Así que cada reunión entre semana, cada uno coloca de manera anónima lo que ha decidido en su corazón y así ni el líder de charla, ni el de sector y en realidad nadie más, se entera de quién dio tal o cual cantidad. Lo mejor es que los hermanos han seguido ofrendado con corazón generoso y alegre.
Una iglesia sana anuncia todo
“Por esto quiero decirles hoy que no me siento culpable respecto de ninguno, porque les he anunciado todo el plan de Dios, sin ocultarles nada (Hechos 20:26-27)”. Una iglesia que sólo habla de un tema es, en realidad, un grupo militante. Pablo no sentía culpa sobre su trabajo. Había anunciado todo. En una iglesia sana se anuncia todo el plan de salvación. Completo, sin parches. El evangelio descafeinado que solo habla cosas lindas está fuera de una iglesia sana. El plan de salvación completo, el evangelio de Cristo anunciado en toda su sencillez, con todo lo que eso implica; he ahí una iglesia sana, una iglesia que no se guarda nada.
Aunque el evangelio son buenas noticias, también trae aparejado problemas y dificultados. En algunos, la palabra sufrimiento parece estar prohibida. Nada más alejado de la misión eclesiástica de, literalmente, evangelizar.
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Respondamos:
- ¿Somos una iglesia sana? ¿Cómo lo sabemos?
- Si ya hemos detectado algunos indicadores que merecen nuestra atención: ¿Qué hemos hecho? ¿Hemos sólo diagnosticado?
- ¿Qué vamos a hacer para tener una iglesia sana?
Aquí puedes encontrar el resumen.
