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De perdón, respeto y confianza (3 de 3)

La tercera reflexión tiene que ver con la confianza. El perdón es un regalo que debemos dar generosamente. La confianza es algo donde debemos ser tacaños. Puedes perdonar a alguien que te robó, pero serías un insensato si lo dejas pasar a tu casa. Los líderes debemos aprender esta lección: el perdón se regala, la confianza se gana. A los predicadores se les perdonará lo deficiente de su homilética, pero la confianza como pastores se perderá si abajo no hay un corazón de servicio. He escuchado algunos sermones que harían palidecer al apóstol Pedro, pero esos mismos predicadores bajan del púlpito y regalan su corazón a la congregación. La media hora (si bien nos va, si no, la hora completa) de mala predicación se olvida cuando el líder se entrega a los hermanos en servicio. Tristemente, lo contrario no ocurre. La mejor predicación se olvida tan solo bajar del púlpito si ahí, a nivel de cancha, eres arrogante, soberbio, elitista e insensible. Escuché acá en Neza: las palabras motivan, el ejemplo arrasa.

La confianza es lo que un líder debe cuidar como su más preciado tesoro. Cuando tu congregación deja de confiar en ti, lo más sabio es retirarte. Hablo de congregación, no de dos o tres hermanos críticos. Estos siempre existirán. Y ese retiro debe ser humilde, arrepentido. Nada de poses: “me voy porque esta iglesia está llena de bebés inmaduros”. ¿Se vale decir eso cuando has estado años ahí? No. La iglesia es también la representación de Cristo en la Tierra. Si esa iglesia no te quiere, quizá sea el mismo Dios quien te esté diciendo: retírate. Seamos obedientes.

La confianza se construye. No se da por decreto. Mi esposa y yo llegamos a una iglesia escéptica. Algunos decían: quizá no eres el hombre para estar acá. Otros mencionaron: te va a quedar grande el paquete. ¡Pero venía respaldado por nuestro líder de super región! ¡Pero si no me conocían! Justo por eso: lo primero que uno debe construir es la confianza. Deja que los hermanos entren a tu hogar, que conozcan tus fortalezas, tus debilidades. Que te examinen. Que te prueben. Si vas a servir a Dios, conocerás el verdadero significado de la frase “picar piedra”.

Cuando ganas la confianza, estás, literalmente, del otro lado, del lado que siempre deberías estar: del lado de una iglesia que te sigue porque tú sigues a Jesucristo. Cuando los hermanos se desahogan contigo, lloran en tu hombro y tú con ellos; cuando el líder y el seguidor se hacen uno sólo en sus debilidades, entonces Jesús levanta a ambos. Y los milagros aparecen.

Si no estamos en esta iglesia para ver milagros, para ser testigos de vidas cambiadas, para ver cómo otros son felices y cómo se enamoran de Dios, ¿para qué estamos? Al final de cuentas, una de las principales funciones del líder es presentar al Dios de amor que Cristo mostró y que quedó afirmado con el Espíritu. Lo demás es accesorio.

Más cosas aprendimos este enero. Pero creo que una de las principales es esta: los dirigentes y los miembros deben perdonarse, ganarse la confianza y prodigar perdón. Dejar que el amor sea el sello que los una.

De perdón, respeto y confianza (2 de 3)

La segunda reflexión es que debemos respeto a nuestros dirigentes. No es un asunto menor. La Biblia nos manda a hacerlo: respeten a sus líderes, dice Pedro. Es un mandato. Y es un dilema. Un hermano me platicaba cómo llegaba con su líder a exponerle las necesidades que veía en la iglesia. Al final, ese líder terminaba regañando al hermano. “Me volteaba de tal manera las cosas que yo terminaba siendo el malo del cuento”, me dijo. Terminó teniendo una actitud de soberana indiferencia hacia los asuntos de la iglesia. ¿Estaba faltando el respeto a su líder? De ninguna manera. El hermano estaba cuidando de la iglesia… pero no decía con respeto sus comentarios.

El amor no es grosero. Y el respeto a los líderes es un acto de amor. Así que cuando vayamos a llamarles la atención, hagámoslo con el mismo respeto que quisiéramos que ellos nos lo hicieran a nosotros. Me consta que se esfuerzan, que muchos han dejado sueños personales, carreras profesionales en donde materialmente les iría mejor que en el ministerio, incluso familia por servir a Dios. Los dirigentes fallan, sus debilidades son iguales que las de cualquier otro creyente. Pero quieren servir a Dios casi a pesar de los defectos de su pueblo. Porque algunos, por servir a Dios, se ganarán la enemistad del pueblo. Si no me creen, denle un repaso a la historia de los profetas.

De perdón, respeto y confianza (1 de 3)

Mucho trabajo ha impedido actualizar estas notas. Pero acá vamos.

En enero, la iglesia tuvo un tiempo de recogimiento. Proclamamos un ayuno de cuarenta días y la región pasó por un tiempo de arrepentimiento. El último domingo de enero, en un servicio maratónico, varios hermanos voluntariamente pasaron al frente a confesar públicamente cómo su pecado había contribuido al estado espiritual de la iglesia. Fue un gran tiempo.

Algunas reflexiones salieron de ese tiempo. La primera es la necesidad de perdón. Evangelistas van, evangelistas vienen. Algunos tienen alguna forma de predicar, otros tienen otra forma de organizar la iglesia. Pero todos tienen buenas intenciones. Es decir, si la iglesia ahora tiene heridas y cicatrices mal cerradas, no fue porque los líderes anteriores hayan actuado deliberadamente en contra de la familia espiritual. No fue así en Neza. Incluso el más escéptico de los hermanos, el más crítico, reconoció que la culpa no había sido de los líderes anteriores sino que él/ella había colaborado para que la iglesia estuviera en la situación espiritual en la que se encontraba.

Debemos perdonar. Un cristiano que no perdona es quizá peor que un no cristiano que lo hace. Porque nosotros nos dañamos, dañamos a los que nos rodean y ofendemos a Dios. El rencor y el resentimiento no ayudan a resolver los problemas. Así que la iglesia pidió perdón por la forma injusta en que trataron no sólo a sus dirigentes sino al mismo cuerpo de Cristo. Fue triste pero salimos animados de que Dios sí escucha. Y que nuestros dirigentes, pasados, presentes y futuros, nos perdonen. Dios ya lo hizo.

El matrimonio homosexual. Mi (modesta) reflexión

El tema está tan lleno de lugares comunes, prejuicios, banalidades, trivialidades, absurdos, polarizaciones, miedos, contradicciones y soberbia que comentarlo no deja de provocarme cierto hastío. Van algunas reflexiones a vuelo de pluma y sin orden jerárquico de importancia.

La obsesión de la tradición

No deja de ser curioso que una comunidad típicamente anti-tradición pelee por establecer una institución tradicional por excelencia. El matrimonio y la familia son temas que se tratan en foros como este, donde la religión, los valores morales y otras entelequias son el modo de interpretar la realidad. Resulta que la comunidad homosexual ahora lucha por casarse y tener familia “como todos”. Por fin: somos o no somos. (más…)

Donaciones y oraciones

El terremoto en Haití afectó también a nuestra familia espiritual Al menos 12 discípulos han muerto. Unos 150 hermanos se quedaron sin casa. Ustedes, lectores queridos, ya saben de esto y de más. Pedimos las oraciones de todos. Que Haití llegué una y otra vez a los oídos de nuestro Señor. Ya saben dónde donar si están en México. Pueden hacerlo también vía Hope. Acá un video con información de nuestros hermanos.

Que Dios cuide de sus hijos.

El enemigo enojado

Cuando quieras hacer algo que afecte o ponga en riesgo la seguridad de otro, prepárate para la resistencia. Tú mismo lo harías. Cuando percibes una amenaza, reaccionas inmediatamente a la defensiva. Pues bien, la Escritura enseña que estamos peleando contra fuerzas espirituales. Cuando esas fuerzas espirituales se sienten amenazadas o retadas, van a reaccionar. Y su reacción no es menor: van a querer atacar directamente al pueblo de Dios.

En Neza terminamos el año con mucho ánimo. En la última reunión nos sentimos tan bien que algunos incluso lloraron de la emoción. Proclamamos que Dios sería nuestro defensor y que queríamos ver Su gloria en nuestra iglesia. Muchos “Amén” se escucharon en el salón. Y también dijimos: “preparémonos porque el enemigo estará muy enojado contra el pueblo de Dios”. En la emoción de la reunión, los cristianos nos sentimos protegidos. Pero sabíamos que sí, que el Tentador haría su trabajo y que lanzaría flechas encendidas.

Menos de 24 horas después, un querido y entrañable hermano, Beni, sufrió un accidente en su casa. Al caer de su bañera, se golpeó la nuca. Es el día que él y su esposa Marta siguen buscando médicos. Ellos son los encargados de coordinar el cuidado de niños. El enemigo está enojado. 72 horas después, un hermano, miembro del grupo de oración, choca en su auto. ¿Quién seguía?

Ayer tuvimos una tarde de oración y alabanza que nos lleno de mucho ánimo, que nos descargó pues pusimos todas nuestras cargas en manos del Señor Jesús. Cantamos, nos abrazamos, leímos las Escrituras. El enemigo se siente amenazado. Hoy, mientras manejaba al trabajo, se me ponchó una llanta. No había forma de cambiarla porque me robaron la refacción. No encontré un taller para repararla. Tomó la última curva antes de entrar al trabajo. El auto derrapa, da un giro (como de perinola), se estrella contra la banqueta. Se rompen varias piezas y, por enésima vez, entrará al taller de hojalatería.

Cuando decides entregar tu vida para la causa de Jesús, recibirás ataques de los flancos más diversos. Pero, más allá del susto y del enojo, no nos desanimamos. Si Cristo con nosotros quién contra nosotros. El año 2010 ha iniciado y con ello la batalla. Él prometió que nos cuidaría pero que el Diablo, como león rugiente vería la forma en comer al rebaño. No lo permitiremos.

Este año va por la gloria de Dios. Aunque todas las fuerzas de la oscuridad se enojen.

Una reunión sui generis

El martes pasado tuvimos una de las reuniones más extrañas. En el salón dónde nos reunimos se celebraría una fiesta de policías. Cuando llegamos, ¡policías armados adornaban el lugar! De hecho, la alabanza inició y algunos agentes pasaban al frente a arreglar algunas cosas.

Poco a poco entendieron que podían esperar, pero fue, sin dudarlo, una de las reuniones más singulares que nos haya tocado. Les dejo un par de fotos.

Una noticia fúnebre

Leonel Torres es evangelística en la iglesia del DF y un gran amigo. El día 21 de diciembre murió su padre. Él murió siendo cristiano y sabemos que podemos decir: “¿dónde está, oh muerte, tu aguijón?”. Sin embargo, por lo repentino de la noticia y por el hecho de no volver a verlo, nos sentimos tristes.

Toda nuestra oración y nuestro amor a la familia Torres, siervos incansables de Cristo.

Nuestros primeros meses. 5.

Colofón

Y sí, hemos sido invitados a visitar otras iglesias. Fuimos a Toluca, a Puebla y a Oaxaca. Vinieron Abel y Aarón, hermanos que trabajaron en estas tierras. Conocimos a Andrés y Ara, Daniel y Laura, Hugo y Lety, Jorge y Miram, Rusbel y Anel (que pronto será mamá por primera vez); Albino, Beni y Marta, Marco y Tere y más y más… nombres que sólo tienen sentido en aquellos que tenemos el lujo de su amistad. Claro, trabajar a lado de Marín y su esposa nos brinda una oportunidad inmejorable para aprender del ministerio.

Desde noviembre nos reunimos entre semana por separado dos grupos. A partir de enero tendremos también dos  turnos los días domingo (a nosotros nos toca temprano).

Perita y yo cumplimos dos años sin planes de hijos (al menos por el momento) y sigo trabajando donde siempre. Con todo y que extrañamos a nuestros hermanos de nuestra región anterior, no preguntamos por qué nos cambiamos, más bien nos preguntamos por qué no lo hicimos antes.

Si Dios lo quiere, seguiremos informando.

Nuestros primeros meses. 4.

Lo que nos espera

La historia se escribe cada día. El proverbio es claro: “el hombre hace muchos planes, pero sólo se realiza el propósito divino” (Prov. 19:21). ¡Qué alivio! A nosotros nos toca planear, pero Dios puede (y lo hace a menudo) rehacer todo aquello y al final lo que prevalece es su voluntad. Recordemos también lo que dice el salmista: “De nada sirve trabajar de sol a sol y comer un pan ganado con dolor, cuando Dios lo da a sus amigos mientras duermen” (Salmo 127:2). No es una medicina contra la negligencia y la pereza: es un reto a confiar plenamente en que Dios mueve a su pueblo en la dirección que él quiere.

Si nos preguntan qué queremos ver, contestaría que deseamos ver una iglesia que adore en el Espíritu, que sirva a Dios, que ame y enseñe a cada discípulo a obedecer a su Padre y que predique a Cristo a toda alma necesitada. El lector perspicaz verá en esto rastro de lo que enseña Rick Warren en su método llamado “iglesia movida por propósito”. Es cierto, hemos tomado prestado de Warren algunos de sus enseñanzas porque creemos que el pueblo de Dios puede y debe aprovechar las experiencias de otros hermanos. No nos incomoda decir esto ni decir que en el futuro podemos pedir prestado otras ideas y enseñanzas siempre y cuando no se aparten de la enseñanza bíblica.

Queremos ser una iglesia bíblica. No pretendemos reinventar la rueda. La innovación está bien y es deseable en otras áreas humanas. Porque, al fin y al cabo, somos una religión de libro. Todo está ahí. No tenemos más que pedir la guía de Dios a través del Espíritu Santo para ver una iglesia santa que camina en este mundo pero que tiene la mirada puesta en el cielo. El cielo nos espera. Y todo esto no es algo que se nos haya ocurrido a nosotros. Dos mil años no son pocos: ahí hay un arsenal de herramientas para conducir al pueblo de Dios. Él ya dio todo para nuestro bienestar. Nos corresponde elegir la herramienta correcta para cumplir con sus propósitos.

La iglesia en Neza no es, por mucho, el patito feo en nuestra familia de congregaciones. Tampoco es el modelo. La iglesia aquí no es más que la expresión particular de una forma de vivir y de seguir lo que el Maestro enseñó. Y una de la enseñanzas más marcadas en Jesús es que el amor distinguiría a sus seguidores. En efecto, en Neza nos hemos sentido amados y respetados por nuestros hermanos. Lo agradecemos mucho.

El futuro nos espera. Dios está ahí, dispuesto a abrir las puertas de la bendición. Es cuestión de seguir creyendo en Él. Amor, fe y esperanza, eso enseñaremos y practicaremos en el próximo año. Veremos la gloria de Dios y gritaremos con Pablo:

Y ahora, gloria sea a Dios, que puede hacer muchísimo más de lo que nosotros pedimos o pensamos, gracias a su poder que actúa en nosotros. ¡Gloria a Dios en la iglesia y en Cristo Jesús, por todos los siglos y para siempre! Amén (Efesios 3:20-21).